Gran Muralla China durante el viaje Maravillas de China

Maravillas de China: de la Gran Muralla a Hong Kong

September 11, 2026•3 min read

El viaje comenzó mucho antes de aterrizar

Hay viajes que uno empieza a vivir cuando llega al destino. Y hay otros que empiezan mucho antes.

China fue uno de esos.

Desde el momento en que nos encontramos en Ezeiza para comenzar el viaje hacia Beijing, había una sensación difícil de explicar: estábamos a punto de cruzar medio mundo para conocer un país del que todos habíamos visto imágenes cientos de veces, pero que seguía pareciendo lejano, enorme y casi imposible de abarcar.

Después del vuelo vía Dubái, finalmente apareció Beijing.

Y ahí entendimos algo que se repetiría durante todo el viaje: China no se parece demasiado a lo que uno imagina antes de conocerla.

Es mucho más grande.
Más intensa.
Más sorprendente.

Y, sobre todo, está llena de contrastes.

Durante este recorrido pasaríamos de palacios imperiales a trenes que circulan a enorme velocidad, de templos centenarios a rascacielos iluminados, de bosques de bambú a montañas que parecen salidas de una película.

Pero nuestro primer encuentro con China comenzaba en Beijing.

Beijing fue nuestro primer contacto con esa mezcla constante entre la China imperial y la China del siglo XXI.

Beijing: entrar de golpe en la historia de China

La primera mañana en Beijing fue uno de esos momentos en los que empezás a entender la dimensión del lugar al que llegaste.

Cruzamos la monumental Plaza Tian An Men para entrar en la Ciudad Prohibida.

Habíamos visto fotografías muchas veces, pero caminar entre sus enormes patios, puertas rojas y tejados imperiales cambia completamente la percepción.

Durante siglos, desde allí se gobernó uno de los mayores imperios del mundo.

Miles de habitaciones, pabellones, patios y corredores forman este gigantesco complejo que fue el centro político de China durante aproximadamente 500 años.

Lo curioso es que, aunque sabés que estás visitando uno de los grandes monumentos de Asia, lo que realmente impresiona es la escala.

Atravesás una puerta.

Después otra.

Y otra.

Y parece que la Ciudad Prohibida nunca termina.

Caminar por la Ciudad Prohibida es empezar a comprender la enorme dimensión de la historia imperial china.

Y entonces llegó la Gran Muralla

Hay lugares que generan expectativa durante años.

La Gran Muralla China era uno de ellos.

Ese día salimos de Beijing rumbo al sector de Mutianyu, uno de los tramos históricos mejor conservados de la muralla.

Y después de tantas fotografías, documentales y películas, llegó ese momento extraño en el que la vimos aparecer sobre las montañas.

La muralla sube.

Baja.

Desaparece detrás de una colina.

Y vuelve a aparecer kilómetros después.

Cuando finalmente caminás sobre ella, la sensación cambia.

Ya no estás mirando una de las imágenes más famosas del planeta.

Estás ahí.

Caminando sobre piedras que llevan siglos viendo pasar generaciones.

Y probablemente ese fue uno de los primeros momentos del viaje en el que pensamos:

“Esto ya valió la pena.”

La Gran Muralla fue uno de esos momentos que convierten un viaje en un recuerdo para siempre.

Después de la Gran Muralla todavía nos esperaba Beijing de noche, el Parque Olímpico, el Templo del Cielo y una cena de bienvenida con uno de los platos más conocidos de la ciudad: el pato laqueado.

Pero China apenas estaba empezando.

Nuestro siguiente destino sería Xi'an.

Y allí nos esperaba uno de los descubrimientos arqueológicos más impresionantes del mundo.

Más de 6.000 guerreros llevaban más de 2.000 años esperando nuestra llegada.

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