
Maravillas de China: Xi’an, pandas de Chengdu y el Gran Buda de Leshan
Xi’an: frente a un ejército que llevaba 2.000 años esperando
Después de Beijing, tomamos el tren de alta velocidad rumbo a Xi’an.
El cambio de escenario fue inmediato. Dejábamos atrás la capital imperial para entrar en una ciudad que alguna vez fue uno de los grandes puntos de partida de la Ruta de la Seda.
Pero había un motivo que hacía que Xi’an tuviera algo especial desde antes de llegar:
los Guerreros de Terracota.
Habíamos visto imágenes muchísimas veces. Aun así, nada termina de prepararte para entrar en aquel enorme espacio y descubrir, fila tras fila, cientos de figuras mirando al frente.
Soldados.
Caballos.
Carrozas.
Cada rostro diferente.
Cada figura creada hace más de dos mil años para acompañar al primer emperador de China en la eternidad. El conjunto conserva más de 6.000 figuras y está considerado uno de los grandes descubrimientos arqueológicos del siglo XX.
Y ahí ocurre algo curioso.
Al principio intentás mirar cada detalle.
Después levantás la vista y comprendés la dimensión del conjunto.
No estás viendo estatuas. Estás frente a un ejército entero detenido en el tiempo.

Xi’an no termina en los Guerreros
Sería fácil pensar que Xi’an es solamente su famoso ejército.
Pero cuando volvimos a la ciudad descubrimos otra cara completamente diferente.
Callejuelas llenas de puestos.
Aromas desconocidos.
Luces.
Mezquitas.
Pequeños comercios.
Gente entrando y saliendo de todas partes.
El Barrio Musulmán de Xi’an fue uno de esos lugares en los que simplemente caminar ya forma parte de la experiencia.
La ciudad tiene una importante comunidad Hui y el recorrido por este barrio permite descubrir una mezcla cultural muy diferente a la que habíamos encontrado en Beijing. El itinerario incluía también la Pequeña Pagoda de la Oca Silvestre y tiempo para recorrer esta zona histórica y probar especialidades locales.
Fue uno de esos momentos del viaje donde dejamos durante un rato los grandes monumentos y simplemente nos dedicamos a mirar, probar y dejarnos sorprender.

Rumbo a Chengdu: China también se descubre desde un tren
Una de las cosas que más nos sorprendió durante el viaje fue la facilidad con la que el paisaje cambiaba.
Subíamos a un tren de alta velocidad en una ciudad y, pocas horas después, parecía que habíamos llegado a otro país.
Desde Xi’an continuamos hacia Chengdu, capital de Sichuan.
Durante el trayecto, las llanuras del norte fueron dejando paso a un paisaje cada vez más verde.
Y Chengdu nos esperaba con algo que probablemente todos teníamos ganas de ver desde que empezó el viaje.
🐼 Los pandas gigantes.
El día en que conocimos a los pandas de Chengdu
Hay visitas culturales.
Hay monumentos.
Hay paisajes.
Y después están esos momentos que consiguen que todo el grupo saque el teléfono al mismo tiempo.
Ese fue el Centro de Investigación y Cría del Panda Gigante de Chengdu.
El centro está dedicado a la conservación de esta especie emblemática y permite observar pandas de distintas edades dentro de espacios recreados para su cuidado.
Vimos algunos comiendo bambú con absoluta tranquilidad.
Otros prácticamente ignorando a todo el mundo.
Y alguno consiguiendo, sin hacer demasiado esfuerzo, convertirse en protagonista de cientos de fotografías.
Porque hay algo que descubrimos aquel día:
un panda es exactamente tan adorable como parece en las fotos.
Quizás incluso más.

Y de repente, un Buda de 71 metros
Ese mismo día todavía nos esperaba otra sorpresa.
Viajamos hasta Leshan para conocer su Gran Buda.
Y cuando decimos “gran”, no es una forma de hablar.
La estatua está tallada directamente en la roca y alcanza aproximadamente 71 metros de altura. Fue esculpida durante la dinastía Tang y está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Cuando te acercás, la escala cuesta entenderla.
Primero ves la cabeza.
Después empezás a seguir la figura hacia abajo.
Y entonces aparecen las manos.
Los pies.
La montaña.
Todo forma parte del mismo conjunto.
Fue otro de esos momentos en los que China volvió a demostrar que aquí las proporciones parecen funcionar de otra manera.
Gran Buda de Leshan

Pero lo más inesperado todavía estaba por llegar
Después de Xi’an y Chengdu ya habíamos visto emperadores, guerreros, pandas y un Buda gigantesco.
Parecía difícil que China pudiera seguir sorprendiéndonos al mismo ritmo.
Nos equivocábamos.
Nuestro siguiente destino sería Chongqing.
Una ciudad construida entre montañas y ríos, donde los edificios parecen apilarse unos sobre otros y donde incluso existe un tren que atraviesa literalmente un edificio residencial.
Y después de Chongqing nos esperaba Zhangjiajie.
Un lugar donde las montañas parecen flotar entre las nubes.
Próxima parada: Chongqing

